Priscila Hernández Alonso

Priscila Hernández Alonso


Todos estos años me han servido para aprender a aprender y para reflexionar. Mis maestros y mis maestras me han enseñado a ser educada, a respetar y ser amable con las demás personas.

Mis compañeros y compañeras me han enseñado a compartir y a ser comprensiva con los demás. Las cuidadoras me han enseñado a tranquilizarme y también a respetar.

Cuando sea mayor me gustaría ser profesora de educación física o administrativa.



MI PASO POR EL COLEGIO


Yo, como casi todos, he estudiado desde pequeñita en el colegio Francisca Santos Melián. A lo largo del tiempo me han pasado muchas cosas.

En Infantil de tres, cuatro y cinco años me tocó con Nieves. Mi primera impresión de ella era que era súper simpática, amable y una maestra ejemplar. Cuando estábamos en clase y acabábamos las tareas, nos dejaba jugar con la alfombra con forma de circuito de coches, con una pequeña casita que teníamos en las clases y con las plastilinas. Siempre recordaré cuando me comía un poquito de plastilina y alguien se chivaba a Nieves, ella decía “No te preocupes que ella después hace caca”.

En primero y segundo me tocó como tutora, Maru. Mi impresión de ella fue la misma que la de Nieves. A mí me gustaba como profesora, porque era muy divertida y buena. Aparte de que estudiábamos un montón, nos preparaba muchas cosas para jugar. Un día muy caluroso nos dijo “Chicos se me ha ocurrido una gran idea ¿Y si mañana nos bañamos con las pistolas de agua en el patio?”. Estoy muy agradecida con ella.

En tercero, me tocó con Luci. Mi primera impresión fue que era muy seria. Pero después, cuando llevas un tiempo con ella, te vas dando cuenta de que es muy buena con todos. Ella se enfadaba conmigo porque era un desastre con mis cosas: me despistaba en las tareas, a veces me tenía que hacer fotocopias de un cuaderno porque no lo traía… En fin, un verdadero desastre. Me acuerdo que una vez nos dio una barrita de chocolate en las notas.

En cuarto, me tocó con Rubelina. Mi primera impresión de ella fue la de Nieves y Maru. En quinto me tocó con Daniel y en sexto, con Daniel y Ana. Al principio no me caían muy bien, pero después me adapté, pero me fui acomodando mucho, mucho, hasta que me relajé con los estudios y empecé para atrás, para atrás, hasta que repetí curso.

La segunda vez de sexto me tocó con Mary. Mary es una profesora de las que nunca te podrás encontrar en ningún otro colegio. De buenísima que es, no hay palabras suficientes para describirla. Muchas gracias, Mary, por haberme apoyado todos los días que he estado contigo.

A lo largo de todos los cursos me he sentido muy bien y, además, muy cómoda entre mis compañeros y compañeras. Mis maestros y mis maestras me han enseñado a ser educada, a respetar y ser amable con las demás personas. Mis compañeros y compañeras me han enseñado a compartir y a ser comprensiva con los demás. Las cuidadoras me han enseñado a tranquilizarme y también a respetar. Todos estos años me han servido para aprender a aprender y para reflexionar.

En realidad lo que soy lo he aprendido gracias a mis familiares, maestros, maestras, cuidadoras y señoras de los servicios del colegio.

Destacaría como lo más positivo de mi colegio mis últimas actuaciones y, sobre todo, las profesoras.

Como mejores momentos los nombraría todos, pero sobre todo, los vividos en cinco años con Nieves, en primero con Maru y en sexto, con Mary. Los peores momentos los viví en quinto.

Cuando sea mayor me gustaría ser profesora de educación física o administrativa.

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