Angélica López López

Angélica López López


Lo más positivo de mi colegio es el cariño de los profesores y profesoras que nos han sabido enseñar y dar consejos.


De mayor me gustaría ser veterinaria. También me gustaría tener una casita cerca de la que vivo ahora, con un jardín, para tener mi propio perro.







MI PASO POR EL COLEGIO


Mi llegada al colegio, según mi madre, fue muy buena, no extrañé nada. Los primeros días me parecían muy largos y aunque me gustaba mucho el colegio, pensaba que estaba más en él que en casa, aunque solo estaba medio día. El colegio me parecía muy divertido, me lo pasaba muy bien cantando, bailado y jugando.

De pequeña, tenía muchos amigos y amigas, el patio era muy grande de lozas cuadradas blancas pequeñas y a rayas que subían y bajaban. Me acuerdo porque uno de mis amigos, Ancor, me empujó sin querer y me caí y aterricé con el moflete; cuando me levanté, él me miró asustado y me dijo que no se lo contara a la profesora, yo le dije que se lo iba a decir pero que había sido sin querer. Cuando se lo dije a la maestra, me mandó para dentro, pero yo no entendía por qué me lo decía. Aun así, la obedecí y entré a la sala de profesores y me dieron un actimel congelado, a continuación fui al baño acompañada de Ancor y me miré al espejo. En ese momento comprendí por qué me miraba asustado, pues tenía el moflete en carne viva y rojo debido a la caída, pero no me dolía. Seguido de esto, le di un abrazo y le dije que no pasaba nada, cuando llegamos a casa y mi madre me vio, me preguntó qué me había pasado y le conté toda la historia.

La mejor anécdota que tengo es que, estando en infantil, un día después de las vacaciones, pasado ya mi cumpleaños que es el 21 de septiembre, estábamos en el porche del colegio, con todos mis amigos y amigas, compañeros de clase, cuando de repente salió la profesora con un elefante de peluche muy grande y bonito. Justo cuando salió, empezaron a cantarme el cumpleaños feliz, fue un momento muy bonito.

En el año que pasé en ese colegio, infantil de tres años, nunca me sentí mal, siempre estaba contenta y alegre y siempre he tenido buenos recuerdos de esa infancia.

Yo he pasado por muchos colegios, el primero fue donde sucedió la anécdota anterior, en Santa María del Mar. Allí me enseñaron a leer y a escribir. En el Cardonal empecé con las matemáticas. Después llegué a Santa Cruz, al Onésimo Redondo, ahí empecé con las clases de verdad, con lengua, matemáticas y conocimiento del medio, educación física e inglés. Allí estuve desde segundo hasta quinto. De ahí, pasé a sexto aquí.

En el colegio me han enseñado a respetar a los demás y a ser educada. Los años escolares me han servido para darme cuenta de que las cosas no se consiguen así como así, sino que hay que esforzarse y luchar por lo que quieres. Así podrás conseguir un montón de cosas, o de lo contrario, no conseguirás nada.

Lo más positivo de mi colegio es el cariño de los profesores y profesoras que nos han sabido enseñar y dar consejos. Lo único que se debería mejorar es la relación entre los chicos y las chicas de mi clase, que se pasan la mayor parte del tiempo separados los chicos de las chicas.

Mi mejor momento en el colegio fue cuando saqué mis primeros sietes y ochos. Y el peor fue cuando me caí en educación física de boca y aterricé con la barbilla.

Me voy con el corazón lleno de alegría por el amor que me han dado todos mis profesores y profesoras. Le doy gracias a todos mis tutores y a mi familia por haberme sabido educar. Y espero poder venir a visitar a mi maestra muy a menudo, cuando esté en el instituto.

De mayor me gustaría ser veterinaria. También me gustaría tener una casita cerca de la que vivo ahora, con un jardín, para tener mi propio perro.

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